Los campos que el administrador elija
Prioridad, responsable, fechas, campos propios y lo que haga falta. Se configuran por proyecto, y cada tipo de solicitud puede tener los suyos o heredar los del proyecto.
Proyecto propio
Muestra a los clientes los datos de su solicitud desde el portal de Jira Service Management —prioridad, responsable, fechas, acuerdos de servicio y campos propios— sin que necesiten una licencia de Jira. Pasó la revisión de Atlassian y está publicada en su tienda.
Es un producto nuestro. Lo mostramos porque tiene una validación que no depende de lo que contemos nosotros: Atlassian revisó la aplicación, su modelo de permisos y su facturación antes de aprobarla. Está publicada y cualquiera puede instalarla.
Publicada en el Marketplace de Atlassian. Gratis hasta 10 usuarios; por encima se cobra por usuario, con la facturación a cargo de Atlassian.


Qué hace
Prioridad, responsable, fechas, campos propios y lo que haga falta. Se configuran por proyecto, y cada tipo de solicitud puede tener los suyos o heredar los del proyecto.
Las personas con su foto, las fechas en el idioma y la zona horaria de quien lee, las prioridades y los estados con los mismos colores que ve el agente, las etiquetas como etiquetas. Una fecha de vencimiento pasada se muestra en rojo.
Cada acuerdo muestra cuánto queda o cuánto hace que se incumplió, sin que el cliente tenga que preguntar por dónde va su caso.
Se listan las relacionadas con su estado, pero cada vínculo se verifica por separado contra los permisos de ese cliente: nunca ve una solicitud que no tiene derecho a abrir.
El cliente marca que un problema lo alcanza, y el agente ve cuánta gente está afectada. Los clientes del portal no son usuarios de Jira, así que no pueden votar: esto llena ese hueco y permite priorizar por impacto real.
El administrador decide cuáles. Antes de guardar, la aplicación verifica que el campo esté en esa lista y que Jira confirme que es editable y del tipo esperado.
Cómo está armado
Un marketplace no se sostiene con una aplicación sola. Hace falta la app para quien compra y vende, la web para que Google traiga gente que todavía no conoce la marca, y un panel para que el equipo lo opere sin depender de quien programa. Las tres piezas leen y escriben en la misma base: un cambio de categoría en el panel llega a la app y a la web sin que nadie sincronice nada a mano.
Para el cliente que abrió la solicitud
Lo que ve quien reportó el problema, dentro de su solicitud. Es la razón de ser de la aplicación: hoy el portal de Jira muestra muy poco, y el cliente termina preguntando por correo cosas que ya están escritas.
Para quien atiende desde Jira
Dentro de la incidencia, muestra cuántos clientes marcaron que el problema los afecta. Sirve para priorizar por impacto real en vez de por orden de llegada.
Para el administrador del proyecto
Configuración por proyecto y por tipo de solicitud, con un aviso permanente en pantalla: cualquier campo que se elija va a ser visible para los clientes.
Lo que cambia para quien la instala
Corre sobre Atlassian Forge, dentro del sitio de Atlassian del cliente. No hay servidores nuestros en el medio, y desinstalarla revoca el acceso en el acto.
Las decisiones
Escribir código lo hace cualquiera hoy. Lo que separa un producto que aguanta de uno que hay que rehacer en un año son decisiones como estas, tomadas antes de que el problema aparezca.
Los clientes del portal no tienen permiso de lectura sobre la incidencia, así que la aplicación lee los campos con sus propios permisos. Justamente por eso, antes de mostrar nada verifica —en nombre de la persona que hizo el pedido— que tenga derecho a ver esa solicitud desde el portal. La misma comprobación corre para cada solicitud vinculada, una por una.
Que un campo esté en la lista que configuró el administrador no alcanza: Jira tiene que confirmar además que ese campo es editable y del tipo esperado. Confiar sólo en la configuración deja abierta la puerta a que un cambio en Jira la vuelva inconsistente.
La aplicación sigue el idioma de cada persona, con las formas de plural correctas. Sumar idiomas después, cuando ya hay texto escrito a mano en las pantallas, cuesta mucho más que hacerlo bien desde el principio.
Mientras se configura, un aviso recuerda que cualquier campo elegido va a ser visible para los clientes. No es un cartel de una sola vez que se acepta y se olvida: exponer un campo interno por descuido es el error caro de esta aplicación.
Empezamos igual que con cualquier automatización: midiendo el proceso real antes de escribir una línea.
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